19 de noviembre

19 de noviembre

Como llegamos a Richard’s Bay en sábado, día 13 de noviembre, no teníamos claro cuál sería el procedimiento de entrada al país.

Nos dirigimos a un lugar llamado Tuzi Gazi donde está el muelle para llegadas internacionales de veleros.

Dos amables chicos nos ayudaron a atracar y enseguida los paseantes de mediodía del sábado vinieron a echar un ojo y hacerse alguna foto con el PRATI de fondo.

La “delegada” de OSASA, esa asociación de aficionados de la que ya hemos hablado y que se ocupa de ayudar a los navegantes extranjeros, vino a saludarnos y a contarnos algo del procedimiento a seguir.

En muy poco tiempo llegamos tres barcos, uno de ellos el que tuvo la descarga del rayo. Nos dijeron que en breve vendrían para hacernos la PCR, imprescindible para todo en estos tiempos, que realmente no podíamos abandonar el barco hasta que hubiera resultados, pero que uno de nosotros podía acercarse a un cajero para tener dinero con el que pagar las pruebas. ???

Y así se hizo. El sanitario llegó muy diligente y nos hurgó un poco las narices.

Toda la tarde hubo paseo, estamos en un muelle abierto y la gente se acerca a curiosear los barcos. Nos dijo Natasha, la señora de OSASA, que no dejáramos nada en el exterior porque aparte de los problemas de seguridad normales, hay monos 🐒 en la zona y son muy amigos de lo ajeno. También nos quitó las ganas de darnos algún baño en las playas que nos rodean, porque hay cocodrilos 🐊 .

Porque esto es África ……🎼🎼

Por la noche pensamos que si se podía ir a un cajero, también se podía ir a cenar, en una terraza justo aquí al lado. Y ¡como disfrutamos de la velada¡ rodeados de gente, con nuestras cervecitas y una rica comida.

Sueño reparador, sabiéndonos ya en la costa y a la mañana siguiente a poner orden.

Las autoridades fueron viniendo a cuentagotas: primero Sanidad, después la Policía y por último Inmigración, lo que más nos interesaba para poder salir del barco sin problemas.

El lunes excursión a Aduanas, el único departamento que no viene al puerto.

Richard’s Bay no es una ciudad como nosotros pensamos que son las ciudades, con sus calles, sus casas y demás. Son vías de circulación, carreteras entre la vegetación, que forman una tela de araña y que están salpicadas de tiendas, concesionarios de automóviles, centros comerciales, personas sentadas a la sombra de los árboles, vendiendo pieles, frutas y más cosas que no pudimos ver desde el taxi. Algún edificio en altura con aparatos de aire acondicionado en cada ventana y poco más.

En una de las carreteras una señal triangular de peligro, de esas que se ponen para avisar de que algún animal puede atravesar la calzada. Dentro, no la figura del ciervo o la vaca a qué estamos acostumbrados, sino un hipopótamo. ¡Glub!

Lo del taxi también es por llamarlo de alguna manera. Un coche muy viejo, sin ningún distintivo y con dos personas en los asientos delanteros, el conductor y su pareja.

El trámite en Aduanas no pudo ser más fácil. Rellenar un impreso, enseñar los pasaportes y la lista de tripulantes y ya está.

El siguiente trámite ir a un centro comercial a comprar una tarjeta SIM y carga suficiente para comunicarnos con el mundo 🌍, un poco de compra y vuelta a casa.

Nos habían dicho los vecinos que en este pantalán solo se pueden estar 3 días, pero la Marina, llamada Zululand, está a tope y no tenemos atraque. También fuimos allí para indagarlo. No es ninguna maravilla y tiene mucho más ambiente el sitio donde estamos, rodeado de restaurantes, alguna sala de fiestas y un night club.

Tenemos de vecinos a los remolcadores que cada vez que arrancan motores sueltan una fumeta negra de impresión y las noches, hasta las 12, en que hay toque de queda, la música solo tiene un volumen, a todo volumen. El domingo sonaban unos tambores enloquecidos, música enlatada, que hacían pensar en las pelis de Tarzan.

Así que aquí seguimos arronchados, a ver si cuela, hasta el viernes en que parece que el meteo nos dejará seguir hasta East London. 321 Nm. más.

Ese es ahora el plan, pero los cambios climatológicos se suceden sin interrupción y no se puede dar nada por sentado.

Para hacerlo fácil, en cada puerto hay que presentar un plan de navegación hasta el siguiente, sellado por el Club de yates, Inmigración, policia y Aduanas.

Hemos preparado el zarpe para hoy, viernes19 de noviembre, aún no sabemos si para llegar a East London o quedarnos en Durban, porque si nos retrasamos en la llegada, el viento puede ser demasiado fuerte, al menos en las rachas.

Estos días aquí se han reducido a cuidar las defensas, que las subo, que las bajo, porque las mareas son de 2 m. con la luna que hoy estará llena y el muelle es de hormigón muy rugoso, con cracas, muy sucio, una joya.

Cambiamos de posición dentro del muelle, a un lugar todavía peor y más sucio, para que nos pudieran suministrar gasoil desde un pequeño tanque, remolque de un coche.

Eventos sociales, los justitos, una cena con los tripulantes, tres, de dos barcos de bandera mejicana, hermanos que llevan ocho o diez años navegando en conserva. Uno tiene pareja y el otro ocasionalmente.

Les pilló el COVID en Sudáfrica y llevan 2 años aquí. No tuvieron permiso para zarpar durante la pandemia y en los peores momentos ni siquiera podían ir a pasear por la solitaria playa.

Por cierto están en la marina y nos contaron que de vez en cuando se avista algún hipopótamo 🦛 despistado.

Lo pasamos estupendo charlando en español y con fin de fiesta en el PRATI, tomando copas, cantando e incluso bailando.

Ayer volvimos a reponer comida y en el trayecto apareció un hipopótamo caminando al lado de la carretera.

El IRIDIUM GO según el último informe del soporte técnico, parece que está caput. No encuentran motivo para que no funcione y se lo achacan al aparato.

Bueno, ya iremos viendo.

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