Desde Darwin

PRATI ha entrado por primera vez en una esclusa para acceder a la Marina de Cullen Bay.

 

El equipo, bien simpático, que nos «desinfectó»

 

Hemos quedado instalados en este lugar, rodeados de casitas con su propio atraque. Esta es una zona residencial muy tranquila y bonita. Estamos a 2 km más o menos de la ciudad.

 

Darwin es territorio de los Larrakia, pueblo aborigen que custodiaba tradicionalmente la tierra y el agua de esta región.

Aquí no vino Joshua Slocum y no pudo opinar de su aspecto como lo hizo en las Islas de Torres Strait.

 

La ciudad es pequeña y muy bien organizada, limpia, con abundante vegetación, parques, jardines y una ingente cantidad de palmeras.

Abundan los bares y restaurantes con amplias terrazas a la calle y todos los días hay mucho ambiente, a la gente le gusta comer fuera y tomarse sus cervezas y demás.

Algunos restaurantes tienen aspecto muy clásico y hay bastantes salas de juego y de apuestas a casi todo, principalmente a los caballos solos o los que tiran de un pequeño carro.

 

En la segunda guerra mundial sufrieron un bombardeo, por parte de los japoneses, mayor que el de Pearl Harbor y en 1.974 el ciclón Tracey la dejó devastada de nuevo. Así que ahora es una ciudad muy nueva y se nota.

En los alrededores, urbanizaciones y jardines se suceden. El sol brilla cada día, desde que estamos aquí y hace calor, verdadero calor, sobre todo a bordo durante las horas del mediodía. Estamos en invierno.

Nos comimos todo el viento para llegar aquí y ahora no sopla ni una brisita para mejorar la sensación térmica.

En la calle, a la sombra, en espacios abiertos, se está de maravilla.

 

Como estamos en la Marina no cabe refrescarse en el agua, pero los que están en fondeo, que son muchos, tampoco pueden hacerlo por los dichosos cocodrilos que son los reyes del Mambo.

 

La zona de la marina es animada. De noche todos los días están llenos los restaurantes que la rodean, hemos contado 7 u 8. El mejor una Tavern Griega con calamares espectaculares.

 

 

El atraque de lo más tranquilo. Solo permiten vivir a bordo, por tiempo limitado a los extranjeros. Tenemos al lado un barco habitado, aparentemente por gente local y parecen vivir escondidos. Nunca asoman y de noche ven la TV y ya. Nada que ver con las marinas anteriores en las que tan buen ambiente tuvimos con los vecinos.

 

En el capitulo de curiosidades, coincidimos en uno de los restaurantes de la marina,  con dos chicos mejicanos. Son de la Armada Americana, concretamente de Artillería y están cedidos a Australia. Tienen el destacamento hacia el interior y se quejaban de aburrimiento, porque no tienen vehículo para venir de paseo. No entendimos nada y en esta ocasión no fue por problemas con el idioma, más bien con el funcionamiento de los militares.

 

Hemos estado en el Consulado de Indonesia para tramitar un visado para 60 días, uno de los motivos por los que vinimos a Darwin.

Tardan una semana en resolverlo y además se quedaron con nuestros pasaportes. No nos gustó mucho, pero es lo que hay.

Si llegamos allí sin visado, nos darían uno para 30 días y para prolongar otros 30 días hay que emplear casi una semana en ir, cada día, a papelear en los distintos departamentos, así que optamos por esta otra opción.

 

Hoy ha llegado a bordo Pieter, es un profesional con gran experiencia en catamaranes que nos acompañará hasta Sudafrica, su país, si todo va según lo previsto. Toca conocernos y organizarnos en trio.

 

La primera etapa está prevista a Timor W. a Kupang, para hacer la entrada oficial en Indonesia.

Tenemos que esperar por los visados y por un poco de viento que nos lleve, aunque sea despacio, hasta allí.

En la próxima crónica pondré los recorridos por Australia y otros más, que ha preparado Luigi.

MH.