Lombok

Cuando llegamos a Lombok, en domingo, hace casi dos semanas, abarloados al pantalán de la Marina del Ray, inmediatamente saltamos a tierra para conocer a nuestros vecinos y compartir un rato en el restaurante de la marina.

Mucha gente esa noche, atraídos por una presentación de otros navegantes sobre sus experiencias en el Paso del Norte. Buen ambiente.

Al día siguiente, siguiendo las indicaciones del personal de la marina, echamos el ancla por proa y pusimos la popa al pantalán con sus correspondientes cabos. Todo fácil y cómodo. Tenemos agua y luz. Un auténtico lujo, sobre todo lo del agua. Está claro que en esta isla abunda el agua, nada que ver con las anteriores, sobre todo con West Timor y su aspecto desertico.

En medio de la noche, un fuerte golpe nos sobresaltó. Carlos que estaba despierto y había estado oyendo un motor de lancha que se acercaba despacio, saltó como un resorte diciendo,

¡¡¡Nos han embestido, nos han roto el botalón!!!!.

Inmediatamente estábamos los tres sobre la proa y bajo nosotros había un bote de pesca local con un pobre hombre, muy asustado, que decía ¡no, papa, no, papa! La expresión que usan para dirigirse a las personas mayores.

Aparentemente no teníamos ningún daño importante y el hombre arrancó el motor y salió a toda velocidad en la oscuridad de la noche.

Llevaba una caja con un poco de pescado, posiblemente había estado faenando toda la noche y se durmió en la vuelta a casa.

Suelen pasar bastante cerca de la marina, pero éste está claro que no eligió el rumbo.

El susto fue mayúsculo y al día siguiente comprobamos que había quedado en eso, otro susto. A soltar el aire y seguir cruzando los dedos.

 

 

 

Como estos, fue el que nos encontramos dejado del cata.

 

La marina está situada en una isla llamada Gili Gede, donde hay varios resorts pequeñitos y algunos restaurantes. Un camino estrecho y en algunos lugares casi inexistente, la rodea.

Cerca de nosotros hay un restaurante con propietario francés, un lugar lleno de encanto y buena comida.

Para las compras de avituallamiento hay que ir en taxi a la capital, Mataran, lo que supone hora y media de viaje más el cruce en lancha hasta tierra firme.

Aquí, además de las motos en abundancia, hay pequeños carricoches de caballos, donde se desplazan, sobre todo las señoras, con sus compras del mercado.

El tráfico de motos es, como siempre, omnipresente y curioso. Familias enteras, hasta 5 personas, sobre pequeñas motos. En uno de estos casos, uno de los críos iba jugando con una consola, como si estuviera en el sofá de su casa.

Trasportan cualquier cosa, si hace falta sujetándolo con una mano y conduciendo solo con la otra.

El caso más exagerado de transporte en moto que hemos visto.

También hemos visto transportar tubos atravesados y nadie se queja, ni pita, ni nada.

En el camino a Mataran nos ha llamado la atención el numero ingente de mezquitas. No avanzamos 300 metros sin que aparezca una mezquita. Dicen que tienen más de mil en la isla.

En esta foto hay cuatro en ese pequeño espacio.

Aunque pocos, hay algún templo hindú

El problema es que sus rezos, cinco veces al día, los transmiten por megafonía y resulta muy aburrido.

Desde la marina oímos tres diferentes rezos, canticos o lo que toque. Forman una cacofonía muy poco agradable. Sobretodo el cántico de alrededor de las cinco de la mañana. Ese se lleva la palma.

 

En Mataran hay un Mall bastante grande y un hipermercado donde hemos encontrado bastantes cosas para organizar la despensa de cara a la travesía del Indico que estamos a punto de iniciar.

También hemos conseguido el repuesto necesario para reparar la desaladora y una bomba de presión para agua sanitaria que había dejado de funcionar. Aunque no es exactamente la misma, la nuestra era de 24 V y la nueva es de 12 V, Carlos está trabajando para adaptarla y seguro que funcionará.

 

Hemos hecho una excursión hasta la zona más atractiva de la isla, el volcán Rinjani.

Recorrimos la costa occidental de la isla, con sus playas famosas, como Sengigi, de arenas negras volcánicas. Vistas desde la altura, tomamos la decisión de no ir con el barco. Mucho coral, mucha piedra y nada tan excepcional que merezca la pena.

La zona norte de la isla fue la más afectada por el seísmo de agosto de 2018. Hay obras por todas partes y se han dado mucha prisa para tener las carreteras operativas, tras el desplome de los puentes.

 

El volcán Rinjani, tiene 3.726 m de altitud y es famoso para los aficionados a las excursiones extremas, hikking, trecking, etc. Nosotros nos alojamos en Senaru, en las estribaciones del Monte y con acceso a las famosas cataratas.

El hotel, de construcción tradicional, también sigue en obras tras el terremoto.

En la excursión por la zona, nos acompañaron dos guías locales, mujeres. Nos contaron que forman parte de una asociación que lucha por los derechos de las mujeres y su equiparación con los hombres. Presumieron de lo conseguido hasta la fecha y estaban de lo más feliz con su trabajo de guías.

En una aldea tradicional nos mostraron el lugar en que se llevan a cabo las ceremonias importantes y los casamientos.

“Aquí se sienta el marido y su mujer se arrodilla a sus pies y se los lava. Después con esa misma agua, ella se lava la cara y al final, se la bebe.”

Abrimos los ojos, como platos y preguntamos ¿Eso es el avance del que nos habéis hablado? Ellas dijeron: Son nuestras costumbres. Esto está bien.

No opinamos nada más y nos dedicamos a disfrutar del “tonturismo”.

Sendas difíciles, escaleras tremendas, tramos angostos, algún que otro susto, por la posibilidad de meter el pie en el agua, vamos, lo habitual en estos casos en que además parecen disfrutar si te llevan por el sitio más complicado.

Vimos las dos cataratas que suelen visitarse, ya que la tercera dicen que es muy complicada, no quiero imaginarme como será.

Acabamos comiendo en medio de un arrozal y volviendo al hotel con las rodillas machacadas. No pienso someterme a más jornadas como esta. Al final todo es parecido y mis articulaciones cada vez lo soportan peor.  Espero acordarme.

 

El regreso lo hicimos por carreteras de montaña, a través de la selva de los monos y con tramos en obras, en algunos casos con la carretera prácticamente desaparecida.

 

Como final, fuimos al Sur, a la playa de Tanjung Aan, de arena blanca y no tan turística como la cercana Kuta. Bonito entorno en marea baja.

Ayer volvimos a Mataran para hacer las últimas compras y estamos preparando todo para salir de Indonesia, rumbo a Cocos Kiling, este fin de semana.

MH

Por el Sur, buscando el viento

Fondeo en Loh Liang (Komodo)

 

Los famosos dragones.

Nos ponemos en ruta a las 6 de la mañana. Por la experiencia previa queremos tener la corriente a favor en el pasaje entre Rindja y Komodo, hacia el sur.

Las corrientes, fuertes, nos son favorables, aunque de vez en cuando nos sacan de rumbo sin previo aviso y vamos expectantes entre tantas islas, islotes, rocas sueltas y demás que jalonan el camino.

 

Para completar la situación el viento, que entra justo por la proa, sube hasta los15 kts. y provoca escarceos contra la corriente.

Saliendo del dichoso pasaje, en una zona en que tiene más de 8 Nm de amplitud, cuando esperábamos navegación más tranquila, el barco arrumba, él solo, hacia el S, sin haber modificado el rumbo W que llevábamos. Íbamos a motor porque el viento había desaparecido prácticamente. Pruebas y más pruebas, incluso un giro de 360° y el rumbo sobre tierra es siempre S o SE.

Durante más de una hora seguimos así, sin poder controlar el rumbo, hasta que la corriente pierde un poco de fuerza y podemos ganar SW.

Durante las pruebas dejamos el barco a la deriva, motor parado, e iba a 6 kts. hacia el S. Lo que quiere decir que la corriente era de más de 6 kts.

Con vientos muy suaves y génova, nos hemos dejado llevar durante 5 horas a rumbo SW, si no puedes vencerla, únete a ella y después, por fin, hemos arrumbado al W.

El viento de F-1-2-3, o sea, vela de milagro + motor. De momento por el S tampoco hay viento. Hemos decidido esta ruta, aunque no tiene fondeos intermedios, buscando el viento.

Por fin, al anochecer, se establece un viento de F-3 del SE y apagamos el dichoso motor. Avanzamos despacio, 4-5 kts pero es suficiente.

En el cambio de guardia entre Piet y Carlos y ante la previsión de vientos más fuertes, izan mayor para dar estabilidad al barco.

El viento en lugar de subir, baja y tras tres horas con una media de 3 kts. arriamos mayor e incluso enrollamos génova. A trancas y barrancas hemos hecho 11 horas a vela, algo es algo.

Un par de horas a motor y el viento aparece para quedarse. 👍

Navegación tranquila, velocidades que nunca superan los 6 kts ni bajan de los 3 kts, con lo que nos damos por contentos.

Las noches, con algún grupo de barcos pesqueros en nuestro rumbo, siempre iluminados.

Al calamar

Nos hemos separado lo más posible del Alas Strait, entre Sumbawa y Lombok, para evitar que las corrientes nos afecten en exceso.

La entrada en el Lombok Strait, con Bali en su orilla W, empieza con la corriente a favor. Necesitamos hora y media para llegar a destino, dice el capitán. Pues va a ser que no, en media hora cambia el sentido de la corriente y a empujar con los dos motores y la vela. El viento llega a los 25 kts y así y todo no pasamos de los 5 kts de velocidad.  Tuvimos la suerte de que ya estábamos dentro del estrecho y pudimos seguir, a pesar de las dificultades.

La guinda del pastel la pusieron los barquitos locales. No sabemos si sería una regata o su procesión del Carmen, pero nos cruzamos con más de 100 barcos, la mayoría a vela, con vistosos colores y maniobras que en algún momento nos pusieron nerviosos.

Ya en la bahía de Gili Gede, donde está la Marina a la que nos dirigimos, aparece el último obstáculo, está minada de boyas de algún tipo de granja marina.

Con todo y con eso, llegamos sanos y salvos a una marina donde no contesta nadie al VHF y donde vemos un montón de barcos en boyas. Ninguna libre. Echar el ancla entre ellos no parece muy seguro, así que nos abarloamos a un pantalán y mañana será otro día.

Estamos en la Marina Da Ray en la posición

Latitud.- 08° 45’72 S

Longitud.- 115° 55’90 E

Hemos navegado 58 horas para recorrer 278 Nm desde Komodo y hemos conseguido navegar a vela 43 horas ⛵️

MH

Labuan Bajo en Flores Island

El día de nuestra arribada a Labuan Bajo, nos quedamos en el fondeo más alejado de la ciudad, la luz empezaba a bajar y viendo la cantidad de barcos locales que había en nuestra derrota, no nos atrevimos a seguir.
En este fondeo, había en ese momento 10 ó 12 veleros, de distintos países, la mayoría unidos por un rally a través de Indonesia 🇮🇩 y con final en Singapur 🇸🇬 .
Barcos de Holanda 🇾🇪,  Suecia 🇸🇪,  Francia 🇫🇷,  Nueva Zelanda  🇳🇿,  Australia, 🇦🇺,  Estados Unidos 🇺🇸,  Escocía 🏴󠁧󠁢󠁳󠁣󠁴󠁿 y ahora España 🇪🇸.
Al día siguiente, al dinghy y de exploración.
Habíamos leído que Labuan Bajo es el lugar más turístico de la zona. Aquí está el aeropuerto que permite visitar el Parque Nacional del Dragón de Komodo, donde además del famoso animal, hay lugares especiales para buceo y snorkel. Le dijimos a Piet que estábamos llegando a Marbella 🤣🤣🤣
Casi media hora de dinghy, entre barcos y más barcos, de los que pasean turistas y los que llevan a los lugares de buceo. La cantidad es impresionante y pensando que estamos en la temporada alta, no entendemos como puede haber tanto barco sin actividad.

El puerto es una locura, botes por cualquier sitio que van y vienen a su bola, suciedad, boyas y cabos flotantes, vamos, un poco de todo.


Hay unos pantalanes, altos sobre el agua, denominados puentes, con escaleras en algunos puntos y allí dejamos el dinghy.
Tenemos una Guía de Indonesia, que solo tiene 8 años y su información ya no vale. Hablaba de un dinghy’s dock y de unas boyas enfrente de la ciudad, que no tienen nada que ver con la realidad actual.
Pequeños negocios, tiendas de todo tipo, cantidad de agencias ofreciendo paseos a bucear y visitar las playas, suciedad, mucha gente, muchas motos y las furgonetas coloreadas que transportan al personal.

En el supermercado más grande, encontramos bastantes cosas para comprar, incluso algún queso, cosa que en Kupang no había ni en el Carrefour.

Entre la calle principal, atestada de negocios y la zona costera, discurren unas callejas, estrechas, mugrosas, a distintos niveles, sin que se les vea el final. La gente nos miraba extrañada y fisgaban nuestras bolsas de la compra con total descaro.

Cuando volvemos a bordo, no hay nadie en los barcos que nos rodean, los dinghies están en la playa, cerca del hotel y allá nos vamos para conseguir informaciones de interés.
El hotel, Puri Sari Beach, agradable y muy tranquilo, recibe encantado a los navegantes. Allí charlamos con los suecos que están felices a remojo en la piscina. Ellos nos remiten a otro catamaran, esta vez australiano, que tiene el contacto para comprar combustible, al margen de los barcos del rally que tienen su propia organización.
Cenamos con un grupo de navegantes y pasamos una buena velada. La comida de Indonesia nos está encantando. El arroz lo bordan, los calamares 🦑 saben a calamar y los guisos son muy de nuestro gusto. Además hemos conseguido preparar “tinto de verano” pidiendo cada cosa por separado. Todo Ok.
Regreso a la playa. Los dinghys están unos en seco y otros dentro del agua, con sus anclas, dependiendo de cuánto tiempo lleven ahí.
Al día siguiente se van la mayoría de los barcos, solo quedamos dos.
Volvemos al hotel, dejando el dinghy en la playa y desde allí hay un transporte a la ciudad, mucho más cómodo que buscar donde dejar el dinghy con tranquilidad.
Concertamos la compra del diésel y tenemos que visitar los cajeros para conseguir el efectivo.
Cena de nuevo en el hotel. Esta vez los tres solos.
Por la noche llueve, novedad. Poco, pero llueve.
Hoy se marchó el otro barco. Todo el fondeo para nosotros.
Han venido a traernos el diésel y ver el tema de la orza.

Aqui la gasolinera flotante.

 

Dicen que pueden hacer la reparación y entre todos, con la driza de code 0 y otra maniobra con la driza de mayor,  en los dos agujeros por los que pasa el cabo normal de maniobra de la orza, la han sacado y colocado  en el techo de su barco 🤞🤞🤞🤞
y dicen que lo tendrán listo para el lunes.
Una vez que la orza está fuera del casco, se necesitan 3 personas para ir controlándola y dejándola en plano. Más una o dos personas para maniobrar los winches de mayor y de Code 0.
Como el barco en el que trajeron las garrafas de diésel tiene un techo potente, de madera, colocaron unos listones y allí la emplazaron para el transporte al taller.


Por la tarde visitamos el taller.


Hemos decidido cambiar el fondeo para estar al lado del taller.
Estamos fondeados en un lugar llamado Waecico, que está, como el fondeo anterior, a 2 Nm de la ciudad, solo que en distinta orientación.
Nuestra nueva posición es:
Latitud.-      08° 27’658 S
Longitud.- 119° 52’217 E
Tenemos 15 m de sonda. En la playa el Sylvia Hotel.

El tema de la orza va bastante bien, esperamos instalarla hoy y mañana partir hacia Komodo.

Fotos de las crónicas anteriores

Para complementar las crónicas de nuestra travesía y fondeos desde Kupang, ahora que tenemos la oportunidad, publico estas fotografías.

Los tracks desde Kupang hasta Labuan Bajo

 

la visita a Sagu

 

 

Pescadores de pulpo, remando con un pie

 

el Fondeo de Teluk Hading

 

d  

En Lingeh Bay. El dominó, jugado sobre un banqueta,  resulta de lo más soso, sin golpes ni nada.

      pesca en grupo

Pesca desde el PRATI

Timor West, desconocida y amigable

En el fondeo de Kupang, bastante movido por cierto, nos visitaron los tripulantes del STARY BOCIAN 3, un barco polaco con el que habíamos coincidido en Darwin.

Compartieron con nosotros sus conocimientos del lugar y nos pusieron en contacto con su “secretario” para que nos atendiera al día siguiente.

Es imprescindible contar con un ayudante en tierra, primero porque la playa en que se desembarca con el dinghy está llena de piedras y es necesario subir el dinghy en brazos hasta quedar a resguardo de la marea, así como tener transporte para acudir a los distintos sitios. El idioma tampoco ayuda mucho.

Empezamos por Aduanas, donde todo es fácil y nos tratan con una cordialidad excepcional. Nos dicen que a las dos de la tarde tendremos la visita de inspección de los demás estamentos oficiales.

A las dos de la tarde recibimos a bordo a 7 funcionarios, a los que hay que ir a buscar a la playa. Se los pasan bomba haciéndose fotos en todos los lugares del barco y acabamos posando todos juntos para dejar constancia. Ningún problema.

El fondeo en Kupang es malo. Muy agitado, entra el mar a tope y cuando el viento sopla un poco, estamos peor que navegando. Para completar las excelencias del lugar, tenemos cerca una Mezquita. Elevan sus canticos 5 veces al día. Una de ellas a las 4 de la madrugada. Se pasan cantando media horita y nos dejan desvelados y mosqueados.

La ciudad de Kupang es bulliciosa, con cientos de motos y montones de furgonetas para el transporte colectivo, con colores muy vivos, adornadas y simpáticas. Contaminación muy alta, calles con aceras un poco rotas y bastante suciedad.

Tiendas y pequeños puestos de venta por todas partes. ¿A quien venden? Todas permanecen abiertas hasta las 9 de la noche, aunque nunca vemos a nadie comprando.

Otra costumbre local es el billar. Vemos mesas por cualquier parte, al aire libre y juegan estupendamente. Mucha práctica.

Hay un mercado del pescado que abre por la noche y sirven cenas. Casi todo a la parrilla y algún salteado. Los fritos los traen preparados.

Comimos muy ricas gambas y chipirones en un ambiente de humos que requiere máscaras antigás.

 

Por la calle todo el mundo es muy simpático con nosotros, somos la novedad, nos saben extranjeros y el que habla un poco de inglés intenta comunicarse. La primera pregunta, como siempre, es que de dónde venimos. España. ¿España? ¡!!!!!Marc Márquez¡¡¡¡¡ Le conocen todos, por algo son tan moteros.

 

También nos piden hacerse fotos con nosotros. Simpatía a raudales.

 

Organizamos una excursión, con guía, al interior. Tres días para conocer un poco el lugar. Piet vigilará el barco mientras tanto.

 

Tres horas de carretera, mala, rota, con bastante tráfico, para llegar a Soe, donde comemos a las 10 de la mañana…….. Muy bien, por cierto.

Siguiente parada el mercado tradicional de Niki Niki. Aquí tomamos contacto por primera vez con el “betel nut”. Las primeras personas que vemos con sus bocas rojas, incluidas las comisuras y los dientes, nos sorprenden, así que a enterarse de lo que hay.

Betel nut es el fruto de una palmera que unido a una especie de vaina verde, que llaman sirh y al polvo de cal, llamado kapur, forman una pasta que mastican hasta que se vuelve roja y de la que extraen toda la sustancia para después escupir el resto.

El polvo blanco, tipo cal, se hace entre otras cosas con excrementos mezclados con paja, que también se venden en el mercado.

Betel nut es adictivo y lo consume mucha gente, incluso algunos críos. Tiene un montón de efectos secundarios. Uno de ellos la perdida de la dentadura. Así que los que se han quedado sin dientes tienen que utilizar un pequeño mortero y chupar la pasta conseguida.

Los escupitajos rojos tapizan el suelo del mercado.

Nos miran, nos sonríen, nos enseñan sus dientes en una sonrisa llena de hebras rojizas y piden fotos con nosotros.

Hoy estamos en el mercado 4 turistas. Una pareja francesa con la que coincidimos en el mercado del pescado y nosotros. Así que nos repartimos los saludos.

 

 

La siguiente parada es Tumu, un asentamiento primitivo, con construcciones tipo pallozas, donde resulta difícil entrar por su “bajura” incluso para mí.  Allí guardan sus mazorcas y algunos cestos y utensilios. Poco más. Unos cuantos cerdos, unas gallinas, las mujeres trabajando en el telar y la sensación de que el tiempo se ha detenido.

Son acogedores, nos enseñan lo que tienen y sonríen, siempre sonríen. El guía les lleva algún detalle, sobre todo betel nut, que les entrega con mucha discreción.

No hay agua corriente ni electricidad.

Por carreteras solitarias y con muy mal firme, llegamos a BOTI. Aquí vive el Rey de esta zona. Estos días hay un evento especial en Soe y está allí, así que saludamos a su hermana y al resto del personal.

Trabajan el algodón de forma totalmente artesanal para confeccionar tapices, bolsos y pequeños artículos para vender.

Este emplazamiento es un poco más grande y están intentando construir una especie de resort muy natural para alojar turistas.

Nos ofrecen pernoctar allí.

Dormir en un jergón de dudosa apariencia y disponer de tres WC, con agujero directo, sin agua ni para lavarse las manos, nos parece exceso de integración. Declinamos la oferta, tomamos un café con ellos y seguimos viaje.

 

Parada en otro enclave llamado Oenlasi y después hasta Kefa para pernoctar. Kefa es la ciudad más importante de la zona y está muy cerca de la frontera con Timor E.

 

Por la mañana, otro mercado, Maubesi Market. Fantástico. Allí hay de todo. Visitamos los “departamentos de” cerdos vivos, cabras, pollos, gallos de pelea, pescado fresco, pescaditos secos, vegetales, frutas, ropas y cualquier otra cosa imaginable, amén del famoso batel nut.

Sonrisas, llamadas: Mister, míster, foto.  Marc Márquez, Rossi, interesantísimas conversaciones.

 

 

Hemos aprendido a decir, gracias y buenos días y con eso vamos tirando.

Nos compramos un buen paquete de chupa chups para tener algo que ofrecer a los niños tan cariñosos que nos rodean en cada sitio.

Hacemos una visita a lo que el guía denomina destilería natural y que resulta ser un alambique con tubos de bambú, para destilar alcohol del fruto de la palmera. La producción debe rondar el litro diario.

El siguiente hito en el camino es Tankesi. Un lugar más o menos sagrado, donde hace falta pedir permiso para acceder. Está sumamente aislado y la ascensión por un camino de piedras sueltas hasta el primer emplazamiento, no es muy fácil calzados con chanclas.

Desde allí para llegar al emplazamiento más sagrado y especial, el camino se hace más difícil y yo me quedo a esperar.

 

 

Comparto el rato con una buena señora que después de prepararse el betel nut que nuestro guía le ha ofrecido y contarme que lo machaca, porque no tiene ningún diente, se dedica a despiojarse concienzudamente. Después la ayuda la niña que está a su lado como una sombra.

Cuando Carlos y el guía regresan, inmediatamente se anuda el cabello en un moñete y se aguanta el picor que debe estar sufriendo en la cabeza. Se coloca el peine y lo mueve con disimulo.

 

 

 

 

Estamos dentro de un risco, rodeados por vegetación y altas paredes de piedra donde saltan los monos, que de vez en cuando se acercan a las cabañas.

A Carlos le gusta lo que ha visto arriba y ha podido charlar con una de las personas que habla algo de inglés. Están preocupados porque últimamente se les han quemado 3 o 4 casas y piensan que los “espíritus” están enfadados con ellos por algo.

De regreso a Kefa para el almuerzo, pasamos por un colegio católico y los niños llegan corriendo a la carretera para saludarnos. Ante sus muestras de entusiasmo, acabamos entrando en el patio del colegio y nos hacemos fotos con ellos y sus profesoras.

Esta segunda noche pernoctaremos en Soe. Allí hay una feria, con representación de las distintas comarcas y los hoteles están a tope. El cuarto que visitamos, con una entrada deplorable, nos ofrece su habitación VIP, que tienen disponible. Así que nos la quedamos. Es un lujo asiático. Sin armarios, sin perchas en el baño, bastante roto todo, pero con colchón nuevecito. Eso sí, nos cuesta un mundo que entiendan que hace falta una sábana para colocar debajo del cobertor, oscurito él, de esos que ocultan la suciedad estupendamente. Aquí está bastante fresco, por la altura en la que nos encontramos y hace falta taparse.

La noche es poco tranquila, muchos de los chavales que van a participar en alguna de las exhibiciones en la feria tienen aquí su alojamiento. Pero el cansancio nos ayuda a dormir.

 

Por la mañana, buscamos donde desayunar. En el maravilloso hotel solo ofrecen arroz y verdura.

Los cafés locales abren a las diez de la mañana y nuestro guía, todo imaginación y buenas intenciones, consigue que nos habiliten una mesa en la trastienda de un negocio de esos que venden de todo. Allí compramos el café instantáneo, el pan para tostadas y la mermelada. Nos dejan una sandwichera, nos calientan el agua para el café y desayunamos como reyes. Todo el que entra en la tienda y nos ve, flipa un poco. El dueño del lugar, que solo supervisa a sus empleados, nos cuida y nos da conversación, para presumir de que habla algo de inglés. Es muy amable.

 

Desde aquí vamos a la “Audiencia con el Rey de Boti”, en el recinto de la feria. Su comunidad está representada allí, con sus artesanías y el Rey contribuye a darle especial importancia a su stand.

Nuestro guía lleva dos días presumiendo de sus buenas relaciones que nos facilitarán encontrarnos con él.

Está rodeado por sus asistentes, entre los que hay un oficial indonesio que el Gobierno pone a su disposición para este tipo de actos.

Nos presentan e inmediatamente él se arregla el atuendo para las fotos. Es cortés y se mantiene un poco distante, para hacer honor a su condición. Los labios los tiene teñidos por el betel nut. Fotos, fotos y “teremacasi” o sea, gracias.

 

Recorremos el resto de la feria, encontramos un colegio de niños musulmanes a los que seguimos repartiendo chupa chups, son una gozada.

Damos fin a la estancia en Seo con un almuerzo en el mismo lugar del primer día, que fue el que más nos gustó de toda la excursión.

Hoy ya nos tratan como clientes, mejor precio y sonrisas mil. Para marchar nos regalan una verdura especial conservada en sal, como el bacalao, que pueden durar más de dos meses en la nevera y un guiso que nos ha encantado y que se hace a base de tempe, un tipo de tofu, con tomate y chile, como es habitual aquí.

Los guisos, todos, pican un poco, pero además ponen en la mesa más salsa picante para añadir.

El regreso a Kupang es tedioso. Muchísimo tráfico y las carreteras igual de malas que a la ida.

Nos hace gracia que por todas partes se ven puestos, muy pequeños, como de un metro cuadrado, con tejadillo y estanterías con botellas de benzina perfectamente colocadas. Las motos se paran, echan una botellita de litro por 8.000 rupias y siguen camino.

La última parada es para la música tradicional. Un instrumento llamado Sasando, que se interpreta como si fuera un arpa. Imprescindible usar un extraño sombrero de paja, con una especie de antena del mismo material, para conectar con “las musas”, o algo parecido.

Carlos hasta se animó a probar.

 

Volvemos a bordo bien cansados y satisfechos de la experiencia. Realmente este es un sitio muy natural y al margen de la globalización, pero sus atractivos naturales son escasos y la conclusión es la de siempre, cuando algún lugar está fuera de las rutas turísticas por algo será.

Lo que verdaderamente quedará en nuestro recuerdo es esta gente tan acogedora y deseosa de establecer contacto con los viajeros. Hemos estrechado cientos de manos, repartido caramelos y sonrisas con todos los niños que encontramos, hemos agradecido que nos muestren sus casas y su forma de vida diciendo “teremacasi” una y otra vez.

 

Teremacasi, Timor.

 

M.H.