8 de septiembre “La Santina”

Estamos avanzando, siempre hacia el W, por la Isla de Flores. La estancia en Teluk Hading ha sido relajada y curiosa.
Cuando llegamos a la bahía y largamos el ancla, estábamos solos, sobre un lecho de arena blanca, tachonada de corales que desde el barco se podían ver con toda claridad.
Baños estupendos, agua tan transparente y calentita como nos gusta, ¡ que disfrute !.

Un par de horas después llegó un barco de pesca local, de madera, con proa muy alta y echó el ancla a bastante distancia. Tras él llegó otro más pequeño que se le abarloó.
El capitán dijo, voy a saludar a los vecinos y allá se fue nadando. El les saludó, pero ellos se reían y se reían, y ya. Nula comunicación. También debió impactarles un tipo nadando con camiseta y gorro, por aquello de no quemarse.

A partir de ese momento empezaron a llegar canoas, con un único ocupante cada una, que parecían descargar algo en el barco grande. Vimos actividad hasta que se hizo de noche.
Por la mañana, desde primera hora, yo asomé a las 5 y media, ya estaban las canoas rodeándonos por todas partes. Nosotros, lógicamente intrigados por la actividad. De vez en cuando pasaba una con el tipo tumbado boca abajo, la cabeza metida en el agua y remando con un pie. Nos da mucha rabia no poder comunicarnos.
Por fin uno se acerca a pedirnos un poco de agua y de paso nos ofrece un pulpo 🐙 acabáramos, van deslizándose muy despacio, estudiando el fondo, remando con el pie y cuando ven un pulpo, tienen un aparejo preparado para pillarlo. El barco grande debe ser el barco base y todos se acercan a soltar sus capturas.

Por la tarde desaparecen las canoas y los barcos, imaginamos que cambian de playa porque esta la habrán dejado pelada.
Piet ha ido tierra adentro y dice que hay una fuente de agua dulce muy cerca de la playa y una cueva donde parecen pernoctar algunas veces.
Se ha encontrado con algún viejito que venía hasta la fuente a buscar agua, unos 3 km de distancia, para regar un pequeño huerto.

Al atardecer dimos un paseo en dinghy para visitar la bahía vecina, acercarnos a las piedras de formas curiosas que la separan de la otra y a la playa.
Hay un montón de cangrejos que han tenido suerte de que los hayamos visto tan tarde, sino estarían, al menos algunos de ellos, en nuestra nasa.

La navegación, una vez más, un poco tediosa, con mucho calor y sin viento las 8 primeras horas. Por fin, según los pronósticos, se levanta una ligera brisa del N que podemos aprovechar para navegar de través. Izamos inmediatamente y somos felices durante 6 horas, en las que no alcanzamos ni 5 kts. de media, pero nos damos por contentos.
Con la noche, a pesar de la previsión meteorológica que anunciaba más viento, se acaba y nos toca motorear.

Uno de los problemas de la navegación en esta zona es la cantidad de pescadores, en pequeños botes, que se encuentran por cualquier ruta. Pescan en grupo, alrededor de algún barco un poquito más grande o de una boya, o de extraños artilugios de madera.
Cuando te acercas, ellos no se mueven, si acaso alguno te indica hacia donde debes desviarte para evitar sus artes de pesca.
A lo largo del día hemos encontrado varios grupos, el más numeroso tenia 19 botes. Hemos estado vigilantes y no ha habido problema.
Por la noche, en la guardia de Piet, oigo ruidos extraños en el motor, justo bajo mi cabeza y me levanto. Carlos también está allí. El motor de estribor vibra y hay que apagarlo para arrancar el de babor. El temor es que hayamos enganchado algún palangre o similar.

Tanto la guardia de Piet como la mía son un sin vivir. Barcos mercantes, barcos de pesca y lo que es peor, la incertidumbre de si habrá otros barcos sin luz, por el medio.
Los últimos que avistamos son botes, con una sola persona a bordo, una línea por la popa de unos 200 m y al final una boya roja, algunas veces con una bandera. Enseguida el pescador nos hace señas para que pasemos por el lado libre. Como vamos a motor, ningún problema.

Por fin, tras 134 Nm entramos en Lingeh Bay. Inmediatamente Piet, que es un experto buceador, incluso fue profesor de buceo, se lanza al agua y le oímos reír feliz. Es un plástico lo que tenemos alrededor de la hélice. Que tranquilidad. Que contentos nos ponemos, de nuevo.

Si hubiera sido un aparejo, podía provocar la pérdida de estanqueidad y que el agua salada entrara en el sail drive, formando la famosa mayonesa con el aceite y dejándonos en una situación delicada, ya que la única manera de resolverlo es cambiando el retén, para lo que hace falta sacar el catamaran del agua, algo impensable por estos lares.

Carlos no ha dormido bien dándole vueltas al problema, así que cuando ha quedado en nada, hemos respirado. Suerte por segunda vez.

Estamos en la posición
Latitud.- 08° 17’528 S
Longitud.- 120° 35’577 E

Hemos hecho una visita a uno de los pequeños pueblos que rodean la bahía. Recibimiento, como en cada lugar, espectacular.

Y mañana, a seguir avanzando, pero sólo de día.

MH

de la Isla de Adonara a la Isla de Flores

5 de septiembre
Estamos en una bahía llamada Teluk Sagu, en la isla de Adonara, del archipiélago de Flores.
A media mañana, fuimos en el dinghy a conocer el pueblo vecino. Aquí el desembarco es fácil y dejamos el auxiliar con el ancla en tierra. Como la marea está subiendo, pensamos que a la vuelta habrá que meterse en el agua para pillarlo, si nos quedamos a comer aquí. Que es nuestro plan. Unos cuantos barcos de pesca están fondeados en la misma zona.

Inmediatamente, como no, los críos empiezan a venir a saludar. No hablan nada de inglés, solo mister, mister.
Un hombre está cosiendo, con su Singer o similar, de las de pedal, a la puerta de un diminuto comercio. Allí podemos hacer recarga de teléfono, necesitamos hablar con Yakarta para intentar conseguir una bomba de presión de agua dulce que se ha estropeado. Ahora solo funciona una de las dos y tenemos un tanque lleno de agua que no podemos usar. 😡
El pueblo, polvoriento, sucio como es habitual, con pescado puesto a secar al sol que las gallinas picotean tranquilamente. En otra tienda, similar a la primera, compramos caramelos para repartir. Los niños se arremolinan y salen de todas partes, las madres también se acercan a saludar.
En las inmediaciones de la mezquita 🕌 nos invitan a acercarnos a un edificio de aspecto más digno que Carlos piensa que será el bar. 🤣 allí conseguimos enterarnos de que es la casa comunal. Hay una mesa grande, en la que han estado comiendo varias personas, cada una con su vaso de agua, es una comunidad musulmana.
Avanzamos siempre rodeados de niños. Los mayorcitos quieren cambiarme una pulsera de plástico negra por mi reloj. Insisten e insisten, pero no me dejo.
No vemos que se venda ningún alimento fresco. Solo hay 🥥. Sitio para comer, tampoco. Intentamos charlar con todo el que se acerca, pero no hay muchas posibilidades. Aparte de preguntar que de donde somos, poco más resulta comprensible.
Así que nos volvemos, con toda la procesión, hasta el dinghy y de nuevo al PRATI.

Desde el barco, tenemos unas bonitas vistas de cocoteros y montañas. Es la parte más atractiva de la bahía y además hay cerveza fresquita. Así que nos damos un pequeño homenaje antes de comer.

Unos buenos baños por la tarde y las visitas de algún pescador con sus botes de madera, con ellos la conversación es una risa y poco más.
Piet tiene más paciencia que el santo Job e intenta hacerse entender en inglés y a la vez aprender indonesio. Yo Tarzan, tu Jane……

6 de septiembre.
A las cinco de la mañana empieza a verse claridad sobre el mar, amanece muy temprano y nos movemos para cambiar de fondeo y seguir avanzando al W.
Otra navegación a la salud de D. Volvo. El viento se sigue negando. Sacamos el génova para apoyar al motor dos o tres veces, sin mucho éxito. No pasamos de F-2.
Salimos de la Isla de Adonara para arrumbar a la Isla de Flores. Sol 🌞 calor 🥵 y navegación relajada durante 8 horas, para recorrer 42 Nm.

Hemos largado el ancla en una bahía muy profunda, en la que hay que acercarse a la playa para fondear. De 30 metros pasamos a 4, en un momento.
Estamos rodeados de coral y tenemos una playa de arena blanca con árboles de fondo.
El baño ha sido, además de refrescante, un reencuentro con los típicos peces de arrecife. Un poco de ejercicio y a disfrutar de la calma del lugar.

Estamos en Teluk Hading, en la posición:
Latitud.- 08° 13’671 S
Longitud.- 122° 46’039 E

MH

Timor West, desconocida y amigable

En el fondeo de Kupang, bastante movido por cierto, nos visitaron los tripulantes del STARY BOCIAN 3, un barco polaco con el que habíamos coincidido en Darwin.

Compartieron con nosotros sus conocimientos del lugar y nos pusieron en contacto con su “secretario” para que nos atendiera al día siguiente.

Es imprescindible contar con un ayudante en tierra, primero porque la playa en que se desembarca con el dinghy está llena de piedras y es necesario subir el dinghy en brazos hasta quedar a resguardo de la marea, así como tener transporte para acudir a los distintos sitios. El idioma tampoco ayuda mucho.

Empezamos por Aduanas, donde todo es fácil y nos tratan con una cordialidad excepcional. Nos dicen que a las dos de la tarde tendremos la visita de inspección de los demás estamentos oficiales.

A las dos de la tarde recibimos a bordo a 7 funcionarios, a los que hay que ir a buscar a la playa. Se los pasan bomba haciéndose fotos en todos los lugares del barco y acabamos posando todos juntos para dejar constancia. Ningún problema.

El fondeo en Kupang es malo. Muy agitado, entra el mar a tope y cuando el viento sopla un poco, estamos peor que navegando. Para completar las excelencias del lugar, tenemos cerca una Mezquita. Elevan sus canticos 5 veces al día. Una de ellas a las 4 de la madrugada. Se pasan cantando media horita y nos dejan desvelados y mosqueados.

La ciudad de Kupang es bulliciosa, con cientos de motos y montones de furgonetas para el transporte colectivo, con colores muy vivos, adornadas y simpáticas. Contaminación muy alta, calles con aceras un poco rotas y bastante suciedad.

Tiendas y pequeños puestos de venta por todas partes. ¿A quien venden? Todas permanecen abiertas hasta las 9 de la noche, aunque nunca vemos a nadie comprando.

Otra costumbre local es el billar. Vemos mesas por cualquier parte, al aire libre y juegan estupendamente. Mucha práctica.

Hay un mercado del pescado que abre por la noche y sirven cenas. Casi todo a la parrilla y algún salteado. Los fritos los traen preparados.

Comimos muy ricas gambas y chipirones en un ambiente de humos que requiere máscaras antigás.

 

Por la calle todo el mundo es muy simpático con nosotros, somos la novedad, nos saben extranjeros y el que habla un poco de inglés intenta comunicarse. La primera pregunta, como siempre, es que de dónde venimos. España. ¿España? ¡!!!!!Marc Márquez¡¡¡¡¡ Le conocen todos, por algo son tan moteros.

 

También nos piden hacerse fotos con nosotros. Simpatía a raudales.

 

Organizamos una excursión, con guía, al interior. Tres días para conocer un poco el lugar. Piet vigilará el barco mientras tanto.

 

Tres horas de carretera, mala, rota, con bastante tráfico, para llegar a Soe, donde comemos a las 10 de la mañana…….. Muy bien, por cierto.

Siguiente parada el mercado tradicional de Niki Niki. Aquí tomamos contacto por primera vez con el “betel nut”. Las primeras personas que vemos con sus bocas rojas, incluidas las comisuras y los dientes, nos sorprenden, así que a enterarse de lo que hay.

Betel nut es el fruto de una palmera que unido a una especie de vaina verde, que llaman sirh y al polvo de cal, llamado kapur, forman una pasta que mastican hasta que se vuelve roja y de la que extraen toda la sustancia para después escupir el resto.

El polvo blanco, tipo cal, se hace entre otras cosas con excrementos mezclados con paja, que también se venden en el mercado.

Betel nut es adictivo y lo consume mucha gente, incluso algunos críos. Tiene un montón de efectos secundarios. Uno de ellos la perdida de la dentadura. Así que los que se han quedado sin dientes tienen que utilizar un pequeño mortero y chupar la pasta conseguida.

Los escupitajos rojos tapizan el suelo del mercado.

Nos miran, nos sonríen, nos enseñan sus dientes en una sonrisa llena de hebras rojizas y piden fotos con nosotros.

Hoy estamos en el mercado 4 turistas. Una pareja francesa con la que coincidimos en el mercado del pescado y nosotros. Así que nos repartimos los saludos.

 

 

La siguiente parada es Tumu, un asentamiento primitivo, con construcciones tipo pallozas, donde resulta difícil entrar por su “bajura” incluso para mí.  Allí guardan sus mazorcas y algunos cestos y utensilios. Poco más. Unos cuantos cerdos, unas gallinas, las mujeres trabajando en el telar y la sensación de que el tiempo se ha detenido.

Son acogedores, nos enseñan lo que tienen y sonríen, siempre sonríen. El guía les lleva algún detalle, sobre todo betel nut, que les entrega con mucha discreción.

No hay agua corriente ni electricidad.

Por carreteras solitarias y con muy mal firme, llegamos a BOTI. Aquí vive el Rey de esta zona. Estos días hay un evento especial en Soe y está allí, así que saludamos a su hermana y al resto del personal.

Trabajan el algodón de forma totalmente artesanal para confeccionar tapices, bolsos y pequeños artículos para vender.

Este emplazamiento es un poco más grande y están intentando construir una especie de resort muy natural para alojar turistas.

Nos ofrecen pernoctar allí.

Dormir en un jergón de dudosa apariencia y disponer de tres WC, con agujero directo, sin agua ni para lavarse las manos, nos parece exceso de integración. Declinamos la oferta, tomamos un café con ellos y seguimos viaje.

 

Parada en otro enclave llamado Oenlasi y después hasta Kefa para pernoctar. Kefa es la ciudad más importante de la zona y está muy cerca de la frontera con Timor E.

 

Por la mañana, otro mercado, Maubesi Market. Fantástico. Allí hay de todo. Visitamos los “departamentos de” cerdos vivos, cabras, pollos, gallos de pelea, pescado fresco, pescaditos secos, vegetales, frutas, ropas y cualquier otra cosa imaginable, amén del famoso batel nut.

Sonrisas, llamadas: Mister, míster, foto.  Marc Márquez, Rossi, interesantísimas conversaciones.

 

 

Hemos aprendido a decir, gracias y buenos días y con eso vamos tirando.

Nos compramos un buen paquete de chupa chups para tener algo que ofrecer a los niños tan cariñosos que nos rodean en cada sitio.

Hacemos una visita a lo que el guía denomina destilería natural y que resulta ser un alambique con tubos de bambú, para destilar alcohol del fruto de la palmera. La producción debe rondar el litro diario.

El siguiente hito en el camino es Tankesi. Un lugar más o menos sagrado, donde hace falta pedir permiso para acceder. Está sumamente aislado y la ascensión por un camino de piedras sueltas hasta el primer emplazamiento, no es muy fácil calzados con chanclas.

Desde allí para llegar al emplazamiento más sagrado y especial, el camino se hace más difícil y yo me quedo a esperar.

 

 

Comparto el rato con una buena señora que después de prepararse el betel nut que nuestro guía le ha ofrecido y contarme que lo machaca, porque no tiene ningún diente, se dedica a despiojarse concienzudamente. Después la ayuda la niña que está a su lado como una sombra.

Cuando Carlos y el guía regresan, inmediatamente se anuda el cabello en un moñete y se aguanta el picor que debe estar sufriendo en la cabeza. Se coloca el peine y lo mueve con disimulo.

 

 

 

 

Estamos dentro de un risco, rodeados por vegetación y altas paredes de piedra donde saltan los monos, que de vez en cuando se acercan a las cabañas.

A Carlos le gusta lo que ha visto arriba y ha podido charlar con una de las personas que habla algo de inglés. Están preocupados porque últimamente se les han quemado 3 o 4 casas y piensan que los “espíritus” están enfadados con ellos por algo.

De regreso a Kefa para el almuerzo, pasamos por un colegio católico y los niños llegan corriendo a la carretera para saludarnos. Ante sus muestras de entusiasmo, acabamos entrando en el patio del colegio y nos hacemos fotos con ellos y sus profesoras.

Esta segunda noche pernoctaremos en Soe. Allí hay una feria, con representación de las distintas comarcas y los hoteles están a tope. El cuarto que visitamos, con una entrada deplorable, nos ofrece su habitación VIP, que tienen disponible. Así que nos la quedamos. Es un lujo asiático. Sin armarios, sin perchas en el baño, bastante roto todo, pero con colchón nuevecito. Eso sí, nos cuesta un mundo que entiendan que hace falta una sábana para colocar debajo del cobertor, oscurito él, de esos que ocultan la suciedad estupendamente. Aquí está bastante fresco, por la altura en la que nos encontramos y hace falta taparse.

La noche es poco tranquila, muchos de los chavales que van a participar en alguna de las exhibiciones en la feria tienen aquí su alojamiento. Pero el cansancio nos ayuda a dormir.

 

Por la mañana, buscamos donde desayunar. En el maravilloso hotel solo ofrecen arroz y verdura.

Los cafés locales abren a las diez de la mañana y nuestro guía, todo imaginación y buenas intenciones, consigue que nos habiliten una mesa en la trastienda de un negocio de esos que venden de todo. Allí compramos el café instantáneo, el pan para tostadas y la mermelada. Nos dejan una sandwichera, nos calientan el agua para el café y desayunamos como reyes. Todo el que entra en la tienda y nos ve, flipa un poco. El dueño del lugar, que solo supervisa a sus empleados, nos cuida y nos da conversación, para presumir de que habla algo de inglés. Es muy amable.

 

Desde aquí vamos a la “Audiencia con el Rey de Boti”, en el recinto de la feria. Su comunidad está representada allí, con sus artesanías y el Rey contribuye a darle especial importancia a su stand.

Nuestro guía lleva dos días presumiendo de sus buenas relaciones que nos facilitarán encontrarnos con él.

Está rodeado por sus asistentes, entre los que hay un oficial indonesio que el Gobierno pone a su disposición para este tipo de actos.

Nos presentan e inmediatamente él se arregla el atuendo para las fotos. Es cortés y se mantiene un poco distante, para hacer honor a su condición. Los labios los tiene teñidos por el betel nut. Fotos, fotos y “teremacasi” o sea, gracias.

 

Recorremos el resto de la feria, encontramos un colegio de niños musulmanes a los que seguimos repartiendo chupa chups, son una gozada.

Damos fin a la estancia en Seo con un almuerzo en el mismo lugar del primer día, que fue el que más nos gustó de toda la excursión.

Hoy ya nos tratan como clientes, mejor precio y sonrisas mil. Para marchar nos regalan una verdura especial conservada en sal, como el bacalao, que pueden durar más de dos meses en la nevera y un guiso que nos ha encantado y que se hace a base de tempe, un tipo de tofu, con tomate y chile, como es habitual aquí.

Los guisos, todos, pican un poco, pero además ponen en la mesa más salsa picante para añadir.

El regreso a Kupang es tedioso. Muchísimo tráfico y las carreteras igual de malas que a la ida.

Nos hace gracia que por todas partes se ven puestos, muy pequeños, como de un metro cuadrado, con tejadillo y estanterías con botellas de benzina perfectamente colocadas. Las motos se paran, echan una botellita de litro por 8.000 rupias y siguen camino.

La última parada es para la música tradicional. Un instrumento llamado Sasando, que se interpreta como si fuera un arpa. Imprescindible usar un extraño sombrero de paja, con una especie de antena del mismo material, para conectar con “las musas”, o algo parecido.

Carlos hasta se animó a probar.

 

Volvemos a bordo bien cansados y satisfechos de la experiencia. Realmente este es un sitio muy natural y al margen de la globalización, pero sus atractivos naturales son escasos y la conclusión es la de siempre, cuando algún lugar está fuera de las rutas turísticas por algo será.

Lo que verdaderamente quedará en nuestro recuerdo es esta gente tan acogedora y deseosa de establecer contacto con los viajeros. Hemos estrechado cientos de manos, repartido caramelos y sonrisas con todos los niños que encontramos, hemos agradecido que nos muestren sus casas y su forma de vida diciendo “teremacasi” una y otra vez.

 

Teremacasi, Timor.

 

M.H.

 

 

 

 

Gran susto

La navegación por Lamakera Strait alterna continuamente ratos con la corriente en contra y a favor, con lo que la media de velocidad no es tan mala.
Estamos navegando por Leba Leba Bay y buscamos la zona de babor para escapar un poco de las corrientes que nos agitan como si fuéramos un corcho.
La zona es muy ancha, más de 3 millas en la parte estrecha. Todos los tres en cubierta, estudiando el posible fondeo.

De repente, un ruido sordo, frenazo en seco y los cajones de los cacharros de cocina que salen disparados, aumentando la confusión. Nos miramos con cara de idiotas. Piet asoma por la banda y dice: very bad news. Carlos desde la otra banda lo confirma. Hemos tocado un bummie de coral.

Yo, personalmente, me quedo anonadada. No hay otra palabra posible para definir el momento. El motor se ha parado y desconocemos el alcance del daño.
Se arranca el motor de nuevo y echamos atrás por donde veníamos.
Piet se tira al agua, amarrado a un cabo largo para que la fuerte corriente no se le lleve.

Contenemos la respiración hasta que aparece y dice que solo está afectada la orza de estribor que llevábamos bajada.
La orza es la que ha chocado con el bummie y ha provocado ese frenazo en seco que nos recordó la experiencia con la boya, verde ella, en el aproaching a Salvador de Bahía. ¿Te acuerdas, Sergio?

Esta vez es de día, no hemos quedado atrapados y aparentemente no hay daños en los cascos. Por supuesto, vigilamos sentinas, compartimentos de motores, etc,
Despacio y sin que se nos pegue la ropa al cuerpo, llegamos al fondeo de Teluk Sagu, en la parte norte de la Isla Adunara, en Flores.

Los recuerdos de la forzosa estancia en Rikitea, Islas Gambier, tras el toque al Coral, nos persiguen. En ese momento íbamos a 2 kts. y la avería fue seria. Esta vez íbamos a 6 kts y podía haber sido peor.

En el fondeo, Carlos vuelve a inspeccionar la orza y los cascos. Todo es como Piet dijo. Tenemos una fisura en la parte baja de la orza de estribor de unos 60 cm. y nada más.🤞🤞🤞🤞🤞🤞
Hemos subido la orza para evitar que la presión del agua en navegación pueda abrirla más e intentaremos encontrar un lugar para repararla. Si no es posible, quizá se pueda tratar de amarrarla para que se mantenga pegada y en último caso, no usarla.

El susto ha sido tremendo, porque conocemos lo que un incidente como ese puede provocar en estos lugares tan aislados y sin medios.
Hemos agradecido al PRATI su comportamiento en esta ocasión y no dejamos de sentirnos felices por la suerte que nos ha acompañado en esta ocasión.

Aunque intentamos saber porqué ocurrió, no sabemos si las corrientes nos desviaron de nuestra ruta o simplemente nos despistamos y bajamos la guardia por la distancia aparente que había a la orilla. 😡 Pero pasó y no hay vuelta atrás, salvo extremar las precauciones.

Estamos en la posición:

Latitud.- 08° 14’449 S
Longitud.- 123° 13’415 E

Tenemos un pueblo en la otra parte de la bahía y les haremos una visita en breve.
Ayer, en cuanto echamos el ancla, se presentaron unos chavales con una canoa de madera, pidiendo cualquier cosa posible. Aunque lo único que realmente entendimos fue: mister, money.

Nos bañamos tan ricamente. El agua está a 30° y transparente.

Nada más, por el momento.

MH

Corriente en contra

Esta pequeña travesía de Kupang a la Isla de Flores está dando mucho que “sufrir” Empezamos con la prueba del Code 0, como comentaba ayer.
Nuevo cabreo, porque no hay manera de que abra y cierre sin tener que montar el numerito en la proa del botalón.
Pensar en toda la movida que supuso prolongar el botalón en Whangarei, para alojar tres velas de proa y que no podamos usarlas todas, cabrea.
El capitán se lo toma muy a mal y ha castigado al pobre Code0 al ostracismo. Bueno, realmente lo hemos amarrado al trampolín de estribor y no piensa volver a probarlo hasta no tener solución de otro tipo.

Conseguimos navegar 5 horas con mayor y génova. Después el viento se negó y nos tocó arrancar motor.
En Kupang compramos cinco garrafas de gasoil que hubo que transportar por la playa hasta el dinghy, hacer dos viajes, subirlas al barco y trasegarlas a los depósitos.
Así que cuando hay que ir a motor no solo nos molesta el ruido, nos fastidia consumir, en esta travesía de tres al cuarto, el gasoil que dio tanta lata conseguir. Amén de vigilar que fuera de calidad aceptable para evitar problemas posteriores.
Catorce horas navegamos sin problemas, velocidades de 5 y 6 kts y con lanchas pesqueras alrededor.
Cuando entramos en Lamakera Strait, empezaron a afectarnos las corrientes, la mayor parte del tiempo en contra, de hasta 5 kts. y el avance se ha ralentizado de forma espectacular.
Contábamos con llegar al fondeo de Teluk Sagu, en Adunara Island, para la hora de comer y ahora estamos dudando de si llegaremos con luz.
Flores no es una sola isla, son varias, separadas por sus correspondientes estrechos y las consiguientes corrientes de las que no hemos conseguido averiguar la secuencia.
Cuando llevamos 24 horas navegando, estamos rodeados de islas, crestas de volcanes y vegetación. También, de vez en cuando, de ríos de plástico y basura en general.

Nuestra posición a las 11 de la mañana es:
Latitud.- 08° 19’13 S
Longitud.- 123° 18’40 E

MH