Lombok

Cuando llegamos a Lombok, en domingo, hace casi dos semanas, abarloados al pantalán de la Marina del Ray, inmediatamente saltamos a tierra para conocer a nuestros vecinos y compartir un rato en el restaurante de la marina.

Mucha gente esa noche, atraídos por una presentación de otros navegantes sobre sus experiencias en el Paso del Norte. Buen ambiente.

Al día siguiente, siguiendo las indicaciones del personal de la marina, echamos el ancla por proa y pusimos la popa al pantalán con sus correspondientes cabos. Todo fácil y cómodo. Tenemos agua y luz. Un auténtico lujo, sobre todo lo del agua. Está claro que en esta isla abunda el agua, nada que ver con las anteriores, sobre todo con West Timor y su aspecto desertico.

En medio de la noche, un fuerte golpe nos sobresaltó. Carlos que estaba despierto y había estado oyendo un motor de lancha que se acercaba despacio, saltó como un resorte diciendo,

¡¡¡Nos han embestido, nos han roto el botalón!!!!.

Inmediatamente estábamos los tres sobre la proa y bajo nosotros había un bote de pesca local con un pobre hombre, muy asustado, que decía ¡no, papa, no, papa! La expresión que usan para dirigirse a las personas mayores.

Aparentemente no teníamos ningún daño importante y el hombre arrancó el motor y salió a toda velocidad en la oscuridad de la noche.

Llevaba una caja con un poco de pescado, posiblemente había estado faenando toda la noche y se durmió en la vuelta a casa.

Suelen pasar bastante cerca de la marina, pero éste está claro que no eligió el rumbo.

El susto fue mayúsculo y al día siguiente comprobamos que había quedado en eso, otro susto. A soltar el aire y seguir cruzando los dedos.

 

 

 

Como estos, fue el que nos encontramos dejado del cata.

 

La marina está situada en una isla llamada Gili Gede, donde hay varios resorts pequeñitos y algunos restaurantes. Un camino estrecho y en algunos lugares casi inexistente, la rodea.

Cerca de nosotros hay un restaurante con propietario francés, un lugar lleno de encanto y buena comida.

Para las compras de avituallamiento hay que ir en taxi a la capital, Mataran, lo que supone hora y media de viaje más el cruce en lancha hasta tierra firme.

Aquí, además de las motos en abundancia, hay pequeños carricoches de caballos, donde se desplazan, sobre todo las señoras, con sus compras del mercado.

El tráfico de motos es, como siempre, omnipresente y curioso. Familias enteras, hasta 5 personas, sobre pequeñas motos. En uno de estos casos, uno de los críos iba jugando con una consola, como si estuviera en el sofá de su casa.

Trasportan cualquier cosa, si hace falta sujetándolo con una mano y conduciendo solo con la otra.

El caso más exagerado de transporte en moto que hemos visto.

También hemos visto transportar tubos atravesados y nadie se queja, ni pita, ni nada.

En el camino a Mataran nos ha llamado la atención el numero ingente de mezquitas. No avanzamos 300 metros sin que aparezca una mezquita. Dicen que tienen más de mil en la isla.

En esta foto hay cuatro en ese pequeño espacio.

Aunque pocos, hay algún templo hindú

El problema es que sus rezos, cinco veces al día, los transmiten por megafonía y resulta muy aburrido.

Desde la marina oímos tres diferentes rezos, canticos o lo que toque. Forman una cacofonía muy poco agradable. Sobretodo el cántico de alrededor de las cinco de la mañana. Ese se lleva la palma.

 

En Mataran hay un Mall bastante grande y un hipermercado donde hemos encontrado bastantes cosas para organizar la despensa de cara a la travesía del Indico que estamos a punto de iniciar.

También hemos conseguido el repuesto necesario para reparar la desaladora y una bomba de presión para agua sanitaria que había dejado de funcionar. Aunque no es exactamente la misma, la nuestra era de 24 V y la nueva es de 12 V, Carlos está trabajando para adaptarla y seguro que funcionará.

 

Hemos hecho una excursión hasta la zona más atractiva de la isla, el volcán Rinjani.

Recorrimos la costa occidental de la isla, con sus playas famosas, como Sengigi, de arenas negras volcánicas. Vistas desde la altura, tomamos la decisión de no ir con el barco. Mucho coral, mucha piedra y nada tan excepcional que merezca la pena.

La zona norte de la isla fue la más afectada por el seísmo de agosto de 2018. Hay obras por todas partes y se han dado mucha prisa para tener las carreteras operativas, tras el desplome de los puentes.

 

El volcán Rinjani, tiene 3.726 m de altitud y es famoso para los aficionados a las excursiones extremas, hikking, trecking, etc. Nosotros nos alojamos en Senaru, en las estribaciones del Monte y con acceso a las famosas cataratas.

El hotel, de construcción tradicional, también sigue en obras tras el terremoto.

En la excursión por la zona, nos acompañaron dos guías locales, mujeres. Nos contaron que forman parte de una asociación que lucha por los derechos de las mujeres y su equiparación con los hombres. Presumieron de lo conseguido hasta la fecha y estaban de lo más feliz con su trabajo de guías.

En una aldea tradicional nos mostraron el lugar en que se llevan a cabo las ceremonias importantes y los casamientos.

“Aquí se sienta el marido y su mujer se arrodilla a sus pies y se los lava. Después con esa misma agua, ella se lava la cara y al final, se la bebe.”

Abrimos los ojos, como platos y preguntamos ¿Eso es el avance del que nos habéis hablado? Ellas dijeron: Son nuestras costumbres. Esto está bien.

No opinamos nada más y nos dedicamos a disfrutar del “tonturismo”.

Sendas difíciles, escaleras tremendas, tramos angostos, algún que otro susto, por la posibilidad de meter el pie en el agua, vamos, lo habitual en estos casos en que además parecen disfrutar si te llevan por el sitio más complicado.

Vimos las dos cataratas que suelen visitarse, ya que la tercera dicen que es muy complicada, no quiero imaginarme como será.

Acabamos comiendo en medio de un arrozal y volviendo al hotel con las rodillas machacadas. No pienso someterme a más jornadas como esta. Al final todo es parecido y mis articulaciones cada vez lo soportan peor.  Espero acordarme.

 

El regreso lo hicimos por carreteras de montaña, a través de la selva de los monos y con tramos en obras, en algunos casos con la carretera prácticamente desaparecida.

 

Como final, fuimos al Sur, a la playa de Tanjung Aan, de arena blanca y no tan turística como la cercana Kuta. Bonito entorno en marea baja.

Ayer volvimos a Mataran para hacer las últimas compras y estamos preparando todo para salir de Indonesia, rumbo a Cocos Kiling, este fin de semana.

MH