8 de septiembre “La Santina”

Estamos avanzando, siempre hacia el W, por la Isla de Flores. La estancia en Teluk Hading ha sido relajada y curiosa.
Cuando llegamos a la bahía y largamos el ancla, estábamos solos, sobre un lecho de arena blanca, tachonada de corales que desde el barco se podían ver con toda claridad.
Baños estupendos, agua tan transparente y calentita como nos gusta, ¡ que disfrute !.

Un par de horas después llegó un barco de pesca local, de madera, con proa muy alta y echó el ancla a bastante distancia. Tras él llegó otro más pequeño que se le abarloó.
El capitán dijo, voy a saludar a los vecinos y allá se fue nadando. El les saludó, pero ellos se reían y se reían, y ya. Nula comunicación. También debió impactarles un tipo nadando con camiseta y gorro, por aquello de no quemarse.

A partir de ese momento empezaron a llegar canoas, con un único ocupante cada una, que parecían descargar algo en el barco grande. Vimos actividad hasta que se hizo de noche.
Por la mañana, desde primera hora, yo asomé a las 5 y media, ya estaban las canoas rodeándonos por todas partes. Nosotros, lógicamente intrigados por la actividad. De vez en cuando pasaba una con el tipo tumbado boca abajo, la cabeza metida en el agua y remando con un pie. Nos da mucha rabia no poder comunicarnos.
Por fin uno se acerca a pedirnos un poco de agua y de paso nos ofrece un pulpo 🐙 acabáramos, van deslizándose muy despacio, estudiando el fondo, remando con el pie y cuando ven un pulpo, tienen un aparejo preparado para pillarlo. El barco grande debe ser el barco base y todos se acercan a soltar sus capturas.

Por la tarde desaparecen las canoas y los barcos, imaginamos que cambian de playa porque esta la habrán dejado pelada.
Piet ha ido tierra adentro y dice que hay una fuente de agua dulce muy cerca de la playa y una cueva donde parecen pernoctar algunas veces.
Se ha encontrado con algún viejito que venía hasta la fuente a buscar agua, unos 3 km de distancia, para regar un pequeño huerto.

Al atardecer dimos un paseo en dinghy para visitar la bahía vecina, acercarnos a las piedras de formas curiosas que la separan de la otra y a la playa.
Hay un montón de cangrejos que han tenido suerte de que los hayamos visto tan tarde, sino estarían, al menos algunos de ellos, en nuestra nasa.

La navegación, una vez más, un poco tediosa, con mucho calor y sin viento las 8 primeras horas. Por fin, según los pronósticos, se levanta una ligera brisa del N que podemos aprovechar para navegar de través. Izamos inmediatamente y somos felices durante 6 horas, en las que no alcanzamos ni 5 kts. de media, pero nos damos por contentos.
Con la noche, a pesar de la previsión meteorológica que anunciaba más viento, se acaba y nos toca motorear.

Uno de los problemas de la navegación en esta zona es la cantidad de pescadores, en pequeños botes, que se encuentran por cualquier ruta. Pescan en grupo, alrededor de algún barco un poquito más grande o de una boya, o de extraños artilugios de madera.
Cuando te acercas, ellos no se mueven, si acaso alguno te indica hacia donde debes desviarte para evitar sus artes de pesca.
A lo largo del día hemos encontrado varios grupos, el más numeroso tenia 19 botes. Hemos estado vigilantes y no ha habido problema.
Por la noche, en la guardia de Piet, oigo ruidos extraños en el motor, justo bajo mi cabeza y me levanto. Carlos también está allí. El motor de estribor vibra y hay que apagarlo para arrancar el de babor. El temor es que hayamos enganchado algún palangre o similar.

Tanto la guardia de Piet como la mía son un sin vivir. Barcos mercantes, barcos de pesca y lo que es peor, la incertidumbre de si habrá otros barcos sin luz, por el medio.
Los últimos que avistamos son botes, con una sola persona a bordo, una línea por la popa de unos 200 m y al final una boya roja, algunas veces con una bandera. Enseguida el pescador nos hace señas para que pasemos por el lado libre. Como vamos a motor, ningún problema.

Por fin, tras 134 Nm entramos en Lingeh Bay. Inmediatamente Piet, que es un experto buceador, incluso fue profesor de buceo, se lanza al agua y le oímos reír feliz. Es un plástico lo que tenemos alrededor de la hélice. Que tranquilidad. Que contentos nos ponemos, de nuevo.

Si hubiera sido un aparejo, podía provocar la pérdida de estanqueidad y que el agua salada entrara en el sail drive, formando la famosa mayonesa con el aceite y dejándonos en una situación delicada, ya que la única manera de resolverlo es cambiando el retén, para lo que hace falta sacar el catamaran del agua, algo impensable por estos lares.

Carlos no ha dormido bien dándole vueltas al problema, así que cuando ha quedado en nada, hemos respirado. Suerte por segunda vez.

Estamos en la posición
Latitud.- 08° 17’528 S
Longitud.- 120° 35’577 E

Hemos hecho una visita a uno de los pequeños pueblos que rodean la bahía. Recibimiento, como en cada lugar, espectacular.

Y mañana, a seguir avanzando, pero sólo de día.

MH