Timor West, desconocida y amigable

En el fondeo de Kupang, bastante movido por cierto, nos visitaron los tripulantes del STARY BOCIAN 3, un barco polaco con el que habíamos coincidido en Darwin.

Compartieron con nosotros sus conocimientos del lugar y nos pusieron en contacto con su “secretario” para que nos atendiera al día siguiente.

Es imprescindible contar con un ayudante en tierra, primero porque la playa en que se desembarca con el dinghy está llena de piedras y es necesario subir el dinghy en brazos hasta quedar a resguardo de la marea, así como tener transporte para acudir a los distintos sitios. El idioma tampoco ayuda mucho.

Empezamos por Aduanas, donde todo es fácil y nos tratan con una cordialidad excepcional. Nos dicen que a las dos de la tarde tendremos la visita de inspección de los demás estamentos oficiales.

A las dos de la tarde recibimos a bordo a 7 funcionarios, a los que hay que ir a buscar a la playa. Se los pasan bomba haciéndose fotos en todos los lugares del barco y acabamos posando todos juntos para dejar constancia. Ningún problema.

El fondeo en Kupang es malo. Muy agitado, entra el mar a tope y cuando el viento sopla un poco, estamos peor que navegando. Para completar las excelencias del lugar, tenemos cerca una Mezquita. Elevan sus canticos 5 veces al día. Una de ellas a las 4 de la madrugada. Se pasan cantando media horita y nos dejan desvelados y mosqueados.

La ciudad de Kupang es bulliciosa, con cientos de motos y montones de furgonetas para el transporte colectivo, con colores muy vivos, adornadas y simpáticas. Contaminación muy alta, calles con aceras un poco rotas y bastante suciedad.

Tiendas y pequeños puestos de venta por todas partes. ¿A quien venden? Todas permanecen abiertas hasta las 9 de la noche, aunque nunca vemos a nadie comprando.

Otra costumbre local es el billar. Vemos mesas por cualquier parte, al aire libre y juegan estupendamente. Mucha práctica.

Hay un mercado del pescado que abre por la noche y sirven cenas. Casi todo a la parrilla y algún salteado. Los fritos los traen preparados.

Comimos muy ricas gambas y chipirones en un ambiente de humos que requiere máscaras antigás.

 

Por la calle todo el mundo es muy simpático con nosotros, somos la novedad, nos saben extranjeros y el que habla un poco de inglés intenta comunicarse. La primera pregunta, como siempre, es que de dónde venimos. España. ¿España? ¡!!!!!Marc Márquez¡¡¡¡¡ Le conocen todos, por algo son tan moteros.

 

También nos piden hacerse fotos con nosotros. Simpatía a raudales.

 

Organizamos una excursión, con guía, al interior. Tres días para conocer un poco el lugar. Piet vigilará el barco mientras tanto.

 

Tres horas de carretera, mala, rota, con bastante tráfico, para llegar a Soe, donde comemos a las 10 de la mañana…….. Muy bien, por cierto.

Siguiente parada el mercado tradicional de Niki Niki. Aquí tomamos contacto por primera vez con el “betel nut”. Las primeras personas que vemos con sus bocas rojas, incluidas las comisuras y los dientes, nos sorprenden, así que a enterarse de lo que hay.

Betel nut es el fruto de una palmera que unido a una especie de vaina verde, que llaman sirh y al polvo de cal, llamado kapur, forman una pasta que mastican hasta que se vuelve roja y de la que extraen toda la sustancia para después escupir el resto.

El polvo blanco, tipo cal, se hace entre otras cosas con excrementos mezclados con paja, que también se venden en el mercado.

Betel nut es adictivo y lo consume mucha gente, incluso algunos críos. Tiene un montón de efectos secundarios. Uno de ellos la perdida de la dentadura. Así que los que se han quedado sin dientes tienen que utilizar un pequeño mortero y chupar la pasta conseguida.

Los escupitajos rojos tapizan el suelo del mercado.

Nos miran, nos sonríen, nos enseñan sus dientes en una sonrisa llena de hebras rojizas y piden fotos con nosotros.

Hoy estamos en el mercado 4 turistas. Una pareja francesa con la que coincidimos en el mercado del pescado y nosotros. Así que nos repartimos los saludos.

 

 

La siguiente parada es Tumu, un asentamiento primitivo, con construcciones tipo pallozas, donde resulta difícil entrar por su “bajura” incluso para mí.  Allí guardan sus mazorcas y algunos cestos y utensilios. Poco más. Unos cuantos cerdos, unas gallinas, las mujeres trabajando en el telar y la sensación de que el tiempo se ha detenido.

Son acogedores, nos enseñan lo que tienen y sonríen, siempre sonríen. El guía les lleva algún detalle, sobre todo betel nut, que les entrega con mucha discreción.

No hay agua corriente ni electricidad.

Por carreteras solitarias y con muy mal firme, llegamos a BOTI. Aquí vive el Rey de esta zona. Estos días hay un evento especial en Soe y está allí, así que saludamos a su hermana y al resto del personal.

Trabajan el algodón de forma totalmente artesanal para confeccionar tapices, bolsos y pequeños artículos para vender.

Este emplazamiento es un poco más grande y están intentando construir una especie de resort muy natural para alojar turistas.

Nos ofrecen pernoctar allí.

Dormir en un jergón de dudosa apariencia y disponer de tres WC, con agujero directo, sin agua ni para lavarse las manos, nos parece exceso de integración. Declinamos la oferta, tomamos un café con ellos y seguimos viaje.

 

Parada en otro enclave llamado Oenlasi y después hasta Kefa para pernoctar. Kefa es la ciudad más importante de la zona y está muy cerca de la frontera con Timor E.

 

Por la mañana, otro mercado, Maubesi Market. Fantástico. Allí hay de todo. Visitamos los “departamentos de” cerdos vivos, cabras, pollos, gallos de pelea, pescado fresco, pescaditos secos, vegetales, frutas, ropas y cualquier otra cosa imaginable, amén del famoso batel nut.

Sonrisas, llamadas: Mister, míster, foto.  Marc Márquez, Rossi, interesantísimas conversaciones.

 

 

Hemos aprendido a decir, gracias y buenos días y con eso vamos tirando.

Nos compramos un buen paquete de chupa chups para tener algo que ofrecer a los niños tan cariñosos que nos rodean en cada sitio.

Hacemos una visita a lo que el guía denomina destilería natural y que resulta ser un alambique con tubos de bambú, para destilar alcohol del fruto de la palmera. La producción debe rondar el litro diario.

El siguiente hito en el camino es Tankesi. Un lugar más o menos sagrado, donde hace falta pedir permiso para acceder. Está sumamente aislado y la ascensión por un camino de piedras sueltas hasta el primer emplazamiento, no es muy fácil calzados con chanclas.

Desde allí para llegar al emplazamiento más sagrado y especial, el camino se hace más difícil y yo me quedo a esperar.

 

 

Comparto el rato con una buena señora que después de prepararse el betel nut que nuestro guía le ha ofrecido y contarme que lo machaca, porque no tiene ningún diente, se dedica a despiojarse concienzudamente. Después la ayuda la niña que está a su lado como una sombra.

Cuando Carlos y el guía regresan, inmediatamente se anuda el cabello en un moñete y se aguanta el picor que debe estar sufriendo en la cabeza. Se coloca el peine y lo mueve con disimulo.

 

 

 

 

Estamos dentro de un risco, rodeados por vegetación y altas paredes de piedra donde saltan los monos, que de vez en cuando se acercan a las cabañas.

A Carlos le gusta lo que ha visto arriba y ha podido charlar con una de las personas que habla algo de inglés. Están preocupados porque últimamente se les han quemado 3 o 4 casas y piensan que los “espíritus” están enfadados con ellos por algo.

De regreso a Kefa para el almuerzo, pasamos por un colegio católico y los niños llegan corriendo a la carretera para saludarnos. Ante sus muestras de entusiasmo, acabamos entrando en el patio del colegio y nos hacemos fotos con ellos y sus profesoras.

Esta segunda noche pernoctaremos en Soe. Allí hay una feria, con representación de las distintas comarcas y los hoteles están a tope. El cuarto que visitamos, con una entrada deplorable, nos ofrece su habitación VIP, que tienen disponible. Así que nos la quedamos. Es un lujo asiático. Sin armarios, sin perchas en el baño, bastante roto todo, pero con colchón nuevecito. Eso sí, nos cuesta un mundo que entiendan que hace falta una sábana para colocar debajo del cobertor, oscurito él, de esos que ocultan la suciedad estupendamente. Aquí está bastante fresco, por la altura en la que nos encontramos y hace falta taparse.

La noche es poco tranquila, muchos de los chavales que van a participar en alguna de las exhibiciones en la feria tienen aquí su alojamiento. Pero el cansancio nos ayuda a dormir.

 

Por la mañana, buscamos donde desayunar. En el maravilloso hotel solo ofrecen arroz y verdura.

Los cafés locales abren a las diez de la mañana y nuestro guía, todo imaginación y buenas intenciones, consigue que nos habiliten una mesa en la trastienda de un negocio de esos que venden de todo. Allí compramos el café instantáneo, el pan para tostadas y la mermelada. Nos dejan una sandwichera, nos calientan el agua para el café y desayunamos como reyes. Todo el que entra en la tienda y nos ve, flipa un poco. El dueño del lugar, que solo supervisa a sus empleados, nos cuida y nos da conversación, para presumir de que habla algo de inglés. Es muy amable.

 

Desde aquí vamos a la “Audiencia con el Rey de Boti”, en el recinto de la feria. Su comunidad está representada allí, con sus artesanías y el Rey contribuye a darle especial importancia a su stand.

Nuestro guía lleva dos días presumiendo de sus buenas relaciones que nos facilitarán encontrarnos con él.

Está rodeado por sus asistentes, entre los que hay un oficial indonesio que el Gobierno pone a su disposición para este tipo de actos.

Nos presentan e inmediatamente él se arregla el atuendo para las fotos. Es cortés y se mantiene un poco distante, para hacer honor a su condición. Los labios los tiene teñidos por el betel nut. Fotos, fotos y “teremacasi” o sea, gracias.

 

Recorremos el resto de la feria, encontramos un colegio de niños musulmanes a los que seguimos repartiendo chupa chups, son una gozada.

Damos fin a la estancia en Seo con un almuerzo en el mismo lugar del primer día, que fue el que más nos gustó de toda la excursión.

Hoy ya nos tratan como clientes, mejor precio y sonrisas mil. Para marchar nos regalan una verdura especial conservada en sal, como el bacalao, que pueden durar más de dos meses en la nevera y un guiso que nos ha encantado y que se hace a base de tempe, un tipo de tofu, con tomate y chile, como es habitual aquí.

Los guisos, todos, pican un poco, pero además ponen en la mesa más salsa picante para añadir.

El regreso a Kupang es tedioso. Muchísimo tráfico y las carreteras igual de malas que a la ida.

Nos hace gracia que por todas partes se ven puestos, muy pequeños, como de un metro cuadrado, con tejadillo y estanterías con botellas de benzina perfectamente colocadas. Las motos se paran, echan una botellita de litro por 8.000 rupias y siguen camino.

La última parada es para la música tradicional. Un instrumento llamado Sasando, que se interpreta como si fuera un arpa. Imprescindible usar un extraño sombrero de paja, con una especie de antena del mismo material, para conectar con “las musas”, o algo parecido.

Carlos hasta se animó a probar.

 

Volvemos a bordo bien cansados y satisfechos de la experiencia. Realmente este es un sitio muy natural y al margen de la globalización, pero sus atractivos naturales son escasos y la conclusión es la de siempre, cuando algún lugar está fuera de las rutas turísticas por algo será.

Lo que verdaderamente quedará en nuestro recuerdo es esta gente tan acogedora y deseosa de establecer contacto con los viajeros. Hemos estrechado cientos de manos, repartido caramelos y sonrisas con todos los niños que encontramos, hemos agradecido que nos muestren sus casas y su forma de vida diciendo “teremacasi” una y otra vez.

 

Teremacasi, Timor.

 

M.H.

 

 

 

 

Gran susto

La navegación por Lamakera Strait alterna continuamente ratos con la corriente en contra y a favor, con lo que la media de velocidad no es tan mala.
Estamos navegando por Leba Leba Bay y buscamos la zona de babor para escapar un poco de las corrientes que nos agitan como si fuéramos un corcho.
La zona es muy ancha, más de 3 millas en la parte estrecha. Todos los tres en cubierta, estudiando el posible fondeo.

De repente, un ruido sordo, frenazo en seco y los cajones de los cacharros de cocina que salen disparados, aumentando la confusión. Nos miramos con cara de idiotas. Piet asoma por la banda y dice: very bad news. Carlos desde la otra banda lo confirma. Hemos tocado un bummie de coral.

Yo, personalmente, me quedo anonadada. No hay otra palabra posible para definir el momento. El motor se ha parado y desconocemos el alcance del daño.
Se arranca el motor de nuevo y echamos atrás por donde veníamos.
Piet se tira al agua, amarrado a un cabo largo para que la fuerte corriente no se le lleve.

Contenemos la respiración hasta que aparece y dice que solo está afectada la orza de estribor que llevábamos bajada.
La orza es la que ha chocado con el bummie y ha provocado ese frenazo en seco que nos recordó la experiencia con la boya, verde ella, en el aproaching a Salvador de Bahía. ¿Te acuerdas, Sergio?

Esta vez es de día, no hemos quedado atrapados y aparentemente no hay daños en los cascos. Por supuesto, vigilamos sentinas, compartimentos de motores, etc,
Despacio y sin que se nos pegue la ropa al cuerpo, llegamos al fondeo de Teluk Sagu, en la parte norte de la Isla Adunara, en Flores.

Los recuerdos de la forzosa estancia en Rikitea, Islas Gambier, tras el toque al Coral, nos persiguen. En ese momento íbamos a 2 kts. y la avería fue seria. Esta vez íbamos a 6 kts y podía haber sido peor.

En el fondeo, Carlos vuelve a inspeccionar la orza y los cascos. Todo es como Piet dijo. Tenemos una fisura en la parte baja de la orza de estribor de unos 60 cm. y nada más.🤞🤞🤞🤞🤞🤞
Hemos subido la orza para evitar que la presión del agua en navegación pueda abrirla más e intentaremos encontrar un lugar para repararla. Si no es posible, quizá se pueda tratar de amarrarla para que se mantenga pegada y en último caso, no usarla.

El susto ha sido tremendo, porque conocemos lo que un incidente como ese puede provocar en estos lugares tan aislados y sin medios.
Hemos agradecido al PRATI su comportamiento en esta ocasión y no dejamos de sentirnos felices por la suerte que nos ha acompañado en esta ocasión.

Aunque intentamos saber porqué ocurrió, no sabemos si las corrientes nos desviaron de nuestra ruta o simplemente nos despistamos y bajamos la guardia por la distancia aparente que había a la orilla. 😡 Pero pasó y no hay vuelta atrás, salvo extremar las precauciones.

Estamos en la posición:

Latitud.- 08° 14’449 S
Longitud.- 123° 13’415 E

Tenemos un pueblo en la otra parte de la bahía y les haremos una visita en breve.
Ayer, en cuanto echamos el ancla, se presentaron unos chavales con una canoa de madera, pidiendo cualquier cosa posible. Aunque lo único que realmente entendimos fue: mister, money.

Nos bañamos tan ricamente. El agua está a 30° y transparente.

Nada más, por el momento.

MH